martes, 18 de agosto de 2015

Recomendaciones lluviosamente imprescindibles

Luego de haber tenido el junio más cálido y seco de los últimos cien años se nos presenta un agosto frío y lluvioso, sobre todo lluvioso. Hace unos años atrás, cuando había un día con lluvia, existía la tendencia en algunas radioemisoras locales de que sus programadores pusieran canciones que tuvieran algo que ver con el evento climático que se estaba desarrollando, algo así como la asociación que se produce entre la lluvia y las sopaipillas. Era entretenido y nostálgico, y demostraba que el agüita que caía del cielo era fuente precisa de inspiración de muchos compositores de diversas latitudes, así como también pueden ser la pena y la alegría, o el mar, la playa y el verano, incluyendo las relaciones amorosas y su combinación con cualquiera de los elementos anteriores. La temática de la música popular da para todo.

De las canciones que aquí menciono esta vez opto por no recomendar el súper-mega-portal-llutuv. En este gran sitio se puede encontrar 'todo', pero no necesariamente lo que uno busca; yo, en lo personal, no soy muy adicto a este sitio y muchas veces sólo he encontrado la canción buscada acompañada de una linda imagen alusiva de el o los intérpretes, y algunas veces ni eso. Algunos de estos 'diaporamas' digitales están bien hechos y otros sólo con mucho cariño y buena intención.

Lo que yo recomiendo es escuchar solamente la música en cuestión, poner el CD si lo tienen o 'bajar' las canciones de algún sitio de descarga, ojalá el álbum completo ya que a veces vale la pena, luego subir el volumen del equipo de música o del computador, o chantarse un buen par de fonos. Yo sólo agrego algunos datos o referencias para saber donde buscar esos temas, y algo muy importante: saber qué buscar. También sugiero —sólo sugiero— oír estas melodías degustando un buen cabernet sauvignon, o una alternativa para algún osado y nostálgico podría ser una agujita o joint; háganse su propio video clip imaginario. Pueden hacerlo solos o acompañados, eso queda a su criterio y disposición. También si es posible y la escucha coincide metereológicamente, acercarse a alguna ventana y disfrutar de la lluvia. Otra opción sería cargarlas en un pendrive o en el teléfono móvil y salir a caminar bajo las 'precipitaciones', si están cerca del mar o en la playa, mejor. ¡Qué disfruten!.


Rain / The Beatles / 1966

Cuando The Beatles estaban más o menos en la mitad de su exitosa y corta trayectoria como grupo profesional (1962-1970) graban algunas memorables canciones que originalmente no estuvieron incluidas en ningún disco oficial; bueno, en realidad siempre fueron quedando algunos temas que sólo fueron editados como singles y fuera de los long plays. El asunto es que en las sesiones de grabación de "Revolver" hicieron también un par de temas que finalmente no incluyeron en este álbum.

Es entonces cuando Paul McCartney escribe "Paperback writer" y John Lennon "Rain", ambas canciones son posteriormente editadas como single, en que la primera es el lado A y la segunda queda como lado B, aunque hoy existe consenso unánime de que debió haber sido al revés, siendo "Paperback writer" una estupenda canción, "Rain" es formidable, un adelanto de lo que después sería denominado 'rock progresivo'; en este single, de 1966, ya se vislumbran las grandes composiciones que hicieron inmortales a The Beatles, ambos temas tienen mucho de psicodelia, pero el bajo en "Rain" es notable, una de las mejores intervenciones de Paul en la historia de la banda, aunque las técnicas de grabación que estaban comenzando a utilizar también tienen mucho que ver; la voz líder es de John y la segunda voz también, además, en el coro se escuchan los clásicos juegos y armonías vocales que estos muchachos patentaron.

Posteriormente, cuando ya existía su sello discográfico Apple, y después de la publicación del que fue, en realidad, su último álbum grabado —Abbey Road— y en espera del estreno de la película y edición del long play "Let It Be", el sello lanza un compilado que contenía temas de casi toda su trayectoria, ahí se incluyen ambas canciones, y como referencia y sólo por mencionar un par más: "Hey Jude" y "Don't let me down". Sin embargo cuando toda la discografía de The Beatles es reeditada en CD, este compilado 'oficial' es omitido y casi la totalidad de sus canciones, más otras, aparecen definitivamente en "Past Masters - Vol. Two".



Viento, dile a la lluvia / Los Gatos / 1968

Primero se llamaron Los Gatos Salvajes y luego simplemente Los Gatos, estos felinos fueron un grupo argentino de Rosario, liderados por el cantante y compositor Litto Nebbia, además de ser guitarrista, tecladista y arreglador; los otros integrantes fueron el bajista Alfredo Toth, que en los '80 fue la 'T' de GIT; el tecladista Ciro Fogliatta de dilatada trayectoria y múltiples colaboraciones; el gran Óscar Moro, el virtuoso baterista que además fue integrante de Color Humano y acompañó a Charly García en La Máquina de Hacer Pájaros y en Seru Giran, no es poco ¿cierto?, Óscar murió en 2006; completaba el grupo Kay Galiffi en la guitarra, quien poco después sería reemplazado por el porteño Norberto 'Pappo' Napolitano, que murió en 2005. Por algo se afirma que Los Gatos son una de las piedras angulares del rock en Argentina.

La canción "Viento, dile a la lluvia", compuesta por Nebbia, primero es editada como single y logra ser un gran éxito de popularidad y de ventas, voló mucho y muy alto, tanto así que traspasó las fronteras trasandinas. En el arreglo se destaca la participación del teclado, con un sonido bastante vanguardista para la época; recuerdo que cuando niño sonó mucho en las radios chilenas, me gustaba y cada vez que la oía la cantaba, me atraía mucho esa imagen de salir a volar en un día de lluvia. Posteriormente esta canción le da título al segundo long play de Los Gatos; ambas ediciones fueron en 1968.

VIENTO, DILE A LA LLUVIA (Litto Nebbia)

Viento, dile a la lluvia
que quiero volar y volar
hace más de una semana
que estoy en mi nido sin poder volar

Viento, dile a la lluvia
que al final mi nido destruirá
yo estoy con mi compañera
hace una semana sin poder volar

Yo estoy con mi compañera
hace una semana sin poder volar
yo estoy con mi compañera
hace una semana sin poder volar

Viento, dile a la lluvia.


Who'll stop the rain? / Creedence Clearwater Revival / 1970

La mítica banda country californiana, liderada por el menor de los Fogerty, lanza a comienzo de 1970 su quinto álbum, "Cosmo's Factory", ahí nos encontramos con temas como la emblemática "Travelin' band", "Lookin' out my back door" con guitarra slide, ese blues lastimoso que es "Long as I can see the light", y por supuesto el logrado homenaje a la lluvia que es "Who'll stop the rain?", compuesto, obviamente, por John Fogerty; el simple riff del inicio y del final me sugiere gotas cayendo sobre una techumbre de zinc y los quiebres rítmicos de la parte central me insinúa cuando una tormenta se interrumpe, entonces da paso a los truenos y luego continúa lloviendo.

John Fogerty era el alma y genio de los Credence, autor de más del 90% de las canciones que grabaron, además de ser la guitarra principal y la voz característica e inigualable de la banda.



Have you ever seen the rain? / Creedence Clearwater Revival / 1970

Aquel fue un año muy fructífero para el grupo y así, a fines de 1970, editan "Pendulum", su sexto álbum. La banda experimenta una evolución en su sonido ya que esta vez ya no es tan puro o crudo, alejándose de lo country, sino que un poco más sofisticado, o tal vez acercándose al pop-rock; conservan, eso sí, sus raíces bluseras; en algunos temas se incorporan vientos y en otros hay teclado o piano. En ese contexto están "Chameleon", "(I wish I could) Hideaway", "Hey tonight", "Molina" y la hermosa "Have you ever seen the rain?", también compuesta por John, tal vez una de las canciones más difundidas y reconocibles de los CCR.

Además, en este álbum, es la última participación del mayor de los Fogerty; debido a múltiples conflictos Tom se aleja de la banda e inicia una carrera solista con un éxito discreto, alcanzando a realizar unos cuatro o cinco álbumes. El que fuera el primer líder de los CCR tuvo el mismo trágico final del escritor Julio Cortázar, ya que en 1990 se contagia de sida, contraído por una transfusión sanguínea, esto deriva en una tuberculosis que finalmente causa su muerte.


Fire and rain / James Taylor / 1970

Ya recomendé esta hermosa balada en un artículo anterior —Añoro mi Winco— con YouTube incluido, di con un video y una versión de la época de su estreno, en que su autor e intérprete aún tenía pelo; hay otras posteriores de él mismo, pero esta es sutil e insuperable, aquí James Taylor está solo con su guitarra, que toca con su magnífica técnica personal, y canta como los dioses. En la versión original del disco la instrumentación ocupada, con guitarra acústica y piano, y especialmente el tratamiento de la percusión y del contrabajo con arco, bien puede ser tomada como precursora del concepto de los conciertos 'unplugged', que se pusieron de moda más de veinte años después.

"Fire and rain" aparece en el segundo álbum del cantautor folk, "Sweet Baby James", de 1970; el primero y homónimo, de 1968, había sido auspiciado y producido nada menos que por Paul McCartney y George Harrison. Esta canción, afirmó posteriormente su autor, es autobiográfica y relata, entre otras cosas, el proceso de rehabilitación de su adicción a las drogas.

Otra canción que acompaña a "Fire and rain" en este disco es "Sweet baby James", que aporta con el nombre del álbum y está acompañada por una muy típica 'pedal steel guitar' (que es una 'lap steel guitar' más evolucionada y tiene una sonoridad muy parecida a la técnica del 'slide guitar'); también están el contagioso y clásico "Steamroller blues" y la conocida "Country road".



Suite: clouds, rain / David Gates / 1973

David Gates, el ex líder y voz principal de Bread, bautizó su primer álbum solista simple y redundantemente como "First"; este es un disco que vale la pena escuchar entero, no así su segundo trabajo, que es mejor dejarlo pasar y olvidarlo. Bread fue una banda soft-rock estadounidense que tuvo bastante éxito y aceptación a comienzo de la década del '70; como dato curioso, nuestros criollos Aguaturbia, con Carlos Corales y Denisse a la cabeza, hicieron un cover de una de sus canciones más conocidas, se trató de "The guitar man", que apareció en un single de 1973.

Volviendo a "First", hay allí buenísimas canciones como "Sunday rider", "Soap (I use the)", la melancólica "Ann", y la hermosa "Lorilee" con un excelente arreglo de saxos, guitarra y teclados, más el solo de Hammond; a mi entender ésta y "Suite: clouds, rain" son las destacadas. La suite parte con 'clouds', aquí el viento te prepara para la tormenta, luego se suman el piano y las cuerdas y entonces se 'ven y sienten' venir las nubes; en el segundo movimiento de la suite se desata la 'rain', están muy bien logrados los sonidos ambientales, con truenos y lluvia incluidos, el piano y los sintetizadores la llevan, luego se destaca la guitarra eléctrica con un sonido muy limpio; para la penúltima parte más rápida, el piano y los sintetizadores nuevamente; para el final lento, el piano, las cuerdas y el viento. ¡Gran tema!

Este álbum contó con la colaboración de destacados músicos de sesión de la época, entre los que cabe destacar al guitarrista Larry Carlton, al baterista Jim Gordon y al flautista, saxofonista y otros vientos Jim Horn; todos los arreglos los hizo el mismo David Gates. Al parecer en esos años el músico inicia su acercamiento con la religión, que años después lo convertiría en pastor adventista, esto lo deja de manifiesto en las letras de algunas canciones que revelan un carácter bastante 'cristiano', casi 'canuto'.


Lluvias del sur / Schwenke & Nilo / 1983

Me salto diez años y nos encontramos con el primer álbum homónimo del dúo Schwenke & Nilo, de 1983, aquí se incluye "Lluvias del sur", una canción que venían tocando desde sus inicios en 1978, en la instrumentación se destaca la participación del tiple y el acompañamiento de un cuarteto de cuerdas, con ello se logra una estupenda ambientación para esta crónica de la lluvia valdiviana creada por Clemente Riedemann en el texto y por Nelson Schwenke en la música.

Otro de los aspectos que destaco y me gusta de esta canción es su letra, con referencias a Valdivia y a lugares aledaños, la descripción de sus gentes, del paisaje y de situaciones, que junto al certero relato de la descarnada realidad social, hacen evocar potentes imágenes de una época y de los lugares que menciona. Nostalgia y asertividad.

LLUVIAS DEL SUR
(texto: Clemente Riedemann / música: Nelson Schwenke)

Llueve, llueve sobre Valdivia
llueve sobre los bosques
sobre los techos rojos
mojando la madera de la casa natal

Llueve, llueve allá en Curiñanco
la señora María
mate con sopaipillas
me cuenta su alegría y sus penas de mar

Llueve, llueve y yo aquí en Collico
esperando el día
en que el sol venga a mi puerta a conversar

Llueve, llueve y en Angachilla
los niños van jugando
con el barro de nuestra población
haciendo el pan

Llueve, llueve Antilhue en la espera
el tren con los parientes
que en cada primavera
llegan con su aguardiente desde la capital

Llueve, llueve en calle Picarte
y los suplementeros
van corriendo ligero
mostrando al presidente hablando allá en Coyaique

Llueve, llueve y los alemanes
van a comprar pescado
los viernes en el mercado fluvial

Llueve, llueve y el Calle-Calle
habla y habla en silencio
llevándose a los muertos hacia el mar
a navegar

Llueve, llueve y mi cigarrillo
solo se ha consumido
sin poderlo fumar.



Lluvias y lamentos varios

Para finalizar menciono unas cuantas canciones más, que cada vez que llovía se escuchaban en alguna radioemisora local, últimamente este aspecto ha mermado bastante; todas ellas hacen referencia a este particular fenómeno climatológico, que es comparable con las relaciones amorosas (iba a decir las mujeres pero sonaba muy machista, y por ahí dicen que de los arrepentidos... etc., etc.), en que si abunda nos aburre y nos satura, entonces queremos que no siga, bueno, su exceso puede provocar catástrofes; y si escasea o está ausente, la añoramos, y morimos y penamos por tenerla nuevamente con nosotros, amén.

El guillatun: la mayoría de las veces que la lluvia ha inspirado a algún músico o autor ha dado como resultado obras más bien tristonas, melancólicas, o derechamente lamentos, como es el caso de esta canción, que nuestra Violeta Parra compuso alrededor de 1965. El guillatun es una ceremonia-rogativa que los mapuche realizan para que se produzca la lluvia, teniendo claro que ésta es esencial como parte del ciclo vital, sin lluvia no hay alimentos, si no llueve no hay vida; en este caso ya cayó agua en abundancia y los ruegos son para que se calme el temporal. En honor a la verdad, esta canción nunca la oí en el contexto de las escuchas radiales lluviosas, pero como ya dije, el bote es mío, entonces me parece pertinente y como ejemplo cito algunas estrofas.

EL GUILLATUN (Violeta Parra)

Millelche está triste con el temporal
los trigos se acuestan en ese barrial
los indios resuelven, después de llorar
hablar con Isidro, con Dios y San Juan

La lluvia que cae y vuelve a caer
los indios la miran sin hallar qué hacer
se arrancan el pelo, se rompen los pies
porque las cosechas se van a perder

El rey de los cielos muy bien escuchó
remonta los vientos para otra región
deshizo las nubes, después se acostó
los indios lo cubren con una oración

Es la lluvia que cae: que también es nombrada como "La lluvia caerá", es una reconocida canción del grupo uruguayo de música pop Los Iracundos, que fueron muy difundidos y de gran éxito en el cono sur latinoamericano en la década de 1960. Este tema suena mucho hasta el día de hoy, especialmente interpretada por cantores populares que realizan agobiantes jornadas de trabajo en la locomoción colectiva que circula por la metrópolis santiaguina; es realmente una canción popular, casi forma parte de nuestro folklore; sí, es folklore urbano.

The rain, the park, and other things: se hizo popular a través de las radioemisoras locales con su nombre traducido, "La lluvia, el parque y otras cosas"; esta canción fue creada e interpretada en 1967 por una agrupación familiar y musical de los EE.UU., The Cowsills, es decir, eran varios hermanos más su mamá. Se destacan sus sólidas armonías vocales, inspiradas en The Everly Brothers y The Beatles. Sonó mucho en aquella época en la mayoría de las radios de Santiago, luego solamente cuando llueve; pop gringo de muy buena factura.

Esta tarde vi llover: una de las composiciones más difundidas del compositor, intérprete, arreglador y productor mexicano Armando Manzanero; él mismo hizo la versión original en 1967, de ahí no ha parado de ser interpretada por diversos cantantes, hombres y mujeres, incluso en idiomas diferentes del español y de distintos países. Esta es una creación que cabe dentro del género balada romántica.

Raindrops keep fallin' on my head: es una canción creada por el conocido y respetado pianista, arreglador y compositor Burt Bacharach, en conjunto con el letrista Hal David, con quién trabajó muchísimos años, ambos estadounidenses; ellos realizaban sus 'demos' con la promisoria cantante afroamericana Dionne Warwick, de ahí ella saltó al éxito y se hizo conocida internacionalmente, interpretando, en principio, composiciones de estos autores; sin embargo la versión original de este tema fue grabada por el cantante B. J. Thomas. La prolífica dupla David-Bacharach compuso esta canción para la película "Butch Cassidy and the Sundance Kid", de 1969; posteriormente ha sido versionada por diferentes y reconocidos intérpretes.


Milton Bustos G.
Santiago, agosto de 2015

miércoles, 15 de julio de 2015

El último grumete del 'Ómnibus'

Cuando estaba en el colegio y cursaba el séptimo año básico tuve una profesora de Castellano (no de español ni de lenguaje e incomunicación) a la que a través de los años siempre he recordado; yo tenía en ese entonces 12 años y cuando ya fui grande y había salido del colegio en principio los recuerdos fueron un tanto contradictorios, buenos y malos, pero al paso del tiempo la balanza se inclinó definitivamente hacia lo positivo, porque uno va cambiando su visión y opinión de las personas con las cuales ha interactuado y también de las diversas situaciones en las que ha sido espectador o participado de ellas; es decir, le perdoné sus faltas o pecadillos y me quedé con lo que trascendió, en particular con dos o tres situaciones de las cuales estaré eternamente asombrado y agradecido.

Mi profesora de Castellano se llama —o se llamaba— Marta A. y lo que recuerdo de ella es más o menos lo siguiente: era bastante enojona, o más bien le hablaba a sus alumnos claro y fuerte para hacerse respetar, a veces tejía en clase, en algunas ocasiones se limaba las uñas o corregía pruebas de otros cursos mientras nos ordenaba desarrollar las actividades del texto de estudio que ocupábamos, de la página 'x' a la página 'y', pero...

...En una de sus clases la señora Marta nos leyó "Ómnibus", el maravilloso relato de Julio Cortázar que forma parte de su primer libro de cuentos, "Bestiario", publicado en 1951, antes que el autor emigrara y se estableciera definitivamente en París; además, para esa publicación, una de las pocas que realiza el joven autor en Argentina, contó con el apoyo de Jorge Luis Borges. El asunto es que yo a esa edad no entendí del todo el cuento, pero sí lo encontré muy distinto a todo lo que había leído o escuchado hasta ese entonces; la cotidianeidad de tomar un bus para ir a ver a un amigo o amiga a tomar el té, la simpleza del lenguaje, todo eso era diferente a lo que estábamos acostumbrados con el costumbrismo, que aún imperaba por estos lares. La descripción de los pasajeros, del cobrador y del chofer del bus, los nombres de las flores que llevaba la mayoría, todo eso me llamó profundamente la atención y no lo olvidé, esa forma de narrar que para mí resultaba tan novedosa y a la vez muy cercana.

Al año siguiente, en otra de sus clases, esta misma profesora nos leyó otro cuento de Cortázar, "La noche boca arriba", del libro de relatos "Final del juego", editado originalmente en 1956; ya con eso no paró mi incipiente admiración por el escritor argentino, sin entenderlo del todo, pero intuyendo su calidad literaria. Eso tan original de jugar con el tiempo y el espacio del personaje principal, el guerrero-motociclista, para nuestra generación era toda una novedad. Pocos años después, ya egresado del colegio, leí por cuenta y gusto propio casi la totalidad de los cuentos escritos por el Cronopio Mayor.



Una anécdota que recuerdo de ese séptimo año fue que la profe de Castellano nos hizo aprender de memoria el himno nacional completo, ese texto largo y latero escrito por Eusebio Lillo, las cuatro o cinco extensas estrofas más el coro, incluyendo esa de los 'valientes soldados', esto era cuando ni la profe ni nosotros, sus discípulos, vislumbráramos lo que ocurriría en corto tiempo y a nuestros soldaditos se les cayera la máscara y dejaran al descubierto lo cobardes y clasistas que siempre han sido, ya que poquitos años después dan un golpe de estado, se quedan casi dieciocho años en el poder desde donde maltratan y humillan a sus compatriotas más humildes y desposeídos. La profe nos tomó la lección a uno por uno de sus alumnos del séptimo "A", consistente en recitar el himno completo, y poniendo de inmediato la nota en el libro de clases. Cuando le tocó su turno al mejor alumno del curso (que tengo entendido hoy es un exitoso ingeniero que vive en Sudáfrica), la señora Marta exclamó ¡qué sonsonete más espantoso!, ya que nuestro compañero había recitado el himno casi cantándolo y le tuvo que poner una buena nota sólo porque había cumplido diciéndolo completo y de memoria.

Una vez una de mis hermanas, que en ese tiempo estudiaba para ser profesora, me dijo si yo le podía pedir un favor a mi profesora de Castellano, que me diera una definición del verbo y la acción de leer; la señora Marta, muy amablemente, me anotó en ese momento y en una hoja de cuaderno escrita por ambos lados una detallada definición de lo que yo le solicitaba para mi hermana. Así eran las profesoras de esos años, entregada e instruida, en que sin consultar una enciclopedia ni decirme que no podía o me lo traía después, le hizo ese pequeño favor a mi hermana, que después fue profesora primaria y que, lamentablemente, murió el año 2002.

La señora Marta era casada con un profesor, también de Castellano, que trabajaba en el mismo colegio y le hacía clases a los más grandes, a los de la Media, no recuerdo su nombre pero sí cómo le decían sus alumnos, su apodo era el "Congrio", nunca supe por qué. Al parecer el matrimonio era simpatizante demócratacristiano... bueno, nadie es perfecto; una vez a la salida del colegio estaban subiéndose a su auto y conversaban con un grupo de alumnos grandes, en realidad estaban bromeando acerca de las diversas opciones políticas de las próximas elecciones, en un vidrio del auto los profes habían puesto una calcomanía del candidato de la DC y los alumnos les habían escrito con el dedo, removiendo el polvo, las otras opciones en disputa. Lo relevante de esta situación era que el matrimonio, trabajando en un colegio de curitas, dejara a la vista su opción política y que, además, bromearan con sus alumnos; es decir nadie ocultaba nada y había un sano debate. Con el golpe de estado se instaló el miedo y se acabó la diversidad.

Otro recuerdo imborrable y significativo que guardo de mi profesora de Castellano fue que más o menos en la mitad del año —el recuerdo lo asocio al invierno— nos programó leer un libro, una novela para ser más exacto, la escogida fue "El último grumete de 'La Baquedano'", aquella épica aventura de un adolescente a bordo del buque-escuela de la Armada de Chile —el antecesor de la "Esmeralda"— y que fue escrita por Francisco Coloane en 1940. Según contaba años después el autor, a instancias de un amigo escribe aquella historia en quince días para mandarla al concurso de novela infantil organizado por la Sociedad de Escritores de Chile en conjunto con la editorial Zig-Zag, la obra de Coloane resultó ser la ganadora y está basada en la experiencia de un viaje que él hizo a bordo de ese buque-escuela en 1933, cuando tenía 23 años y prestaba servicio como escribiente de la Armada; también contaba que para poder mecanografiar el texto original y mandarlo al concurso, tuvo que pedir prestada una máquina de escribir, porque él no tenía una propia. Finalmente esta novela, la premiada, es publicada por la editorial convocante en 1941.

Cuando la señora Marta nos dijo al curso que teníamos que leer esa novela yo informé de eso en mi casa y cuando ya faltaban un par de semanas para el día en que estaba fijada la prueba correspondiente, un día por la mañana, antes de irme al colegio, mi papá me dio el dinero para comprar el libro. Recuerdo que ese día en el colegio estuve un poco ansioso, era la primera vez que iba a comprar un libro solo y me creía grande; a la salida de clases crucé la avenida de doble tráfico, en que aún está el colegio, y pasé a la librería que estaba justo al frente, compré el libro y me fui a mi casa, almorcé y a continuación me fui a instalar en la pieza de mis hermanas, en una pequeña silla ubicada en medio de las camas y frente a una estufa encendida —era invierno— y a una gran ventana que me brindaba la luz suficiente para leer, entonces comencé la lectura de mi libro nuevecito. Lo mágico de aquella experiencia fue que no me paré de aquella silla sino hasta que terminé de leer la novela, me atrapó desde el comienzo y no la solté, sólo debo haber interrumpido mi lectura para encender la luz y para tomar la once que tal vez alguna de mis hermanas o mi mamá me sirvió ahí mismo, yo estaba en trance, ensimismado y absorto.

Ese es el gran mérito de Francisco Coloane y en particular de esa novela, captar la atención de los niños y adolescentes lectores y no soltarlos, lograr que se identifiquen plenamente con el protagonista, el que burlando la vigilancia se escabulle en el buque-escuela y termina convertido en grumete. Leer esa novela a los doce años resultó ser para mí, reitero, una experiencia mágica y maravillosa; en la prueba me fue bastante bien, aunque no recuerdo exactamente qué nota obtuve, lo relevante es lo que esa lectura me dejó.



Lo que he reflexionado a través de los años es ¿qué importancia tiene que la profe de Castellano sacara su tejido o se limara las uñas mientras nos hacía clases, si en una de ellas se larga con la lectura de "Ómnibus" y me introduce para siempre en el universo cortaziano? la respuesta es: no tiene ninguna importancia; o que alguna vez en nuestra hora de clase corrigiera pruebas de otros cursos mientras nos daba una tarea, porque tal vez no le alcanzaba el tiempo ya que podía tener hijos y una casa que atender —asunto no resuelto hasta nuestros días y que es una de las razones por las cuales no hay educación de calidad en nuestro país, ya que algunas de las funciones que realizan los profesores (corregir pruebas o preparar clases) no están consideradas ni remuneradas y, además, sus salarios son siempre mediocres y deben tomar más horas para compensar— si después de todo eso tiene el criterio y el buen gusto de darnos como lectura complementaria una novela clave de la historia de la literatura en Chile, como es "El último grumete de 'La Baquedano'" del gran Francisco Coloane —tal vez la más leída junto a "Palomita blanca" de Enrique Lafourcade—, la respuesta es: no importa, no es relevante; su entrega y compromiso iban por otro lado, iban por dejarle a sus alumnos algo más que saber conjugar bien los verbos y escribir sin faltas de ortografía, ya que además de intentar enseñarnos el buen uso de nuestro idioma Castellano la señora Marta nos sembró la semilla del gusto y el amor por nuestra literatura, es decir, la chilena y latinoamericana.

En mí esa semilla germinó no sólo como entretenimiento y goce estético, sino que, además, como un conjunto de valores y arquetipos que me han entregado, lo que yo considero, la verdadera identidad de mi país y de toda esa porción del continente que va desde el río Bravo hasta la Patagonia. Muchos autores latinoamericanos me han transmitido el sentido de la pertenencia geográfica o territorial y, sobre todo, cultural, como así también esos conceptos —tan manoseados y abstractos— que son la nacionalidad y la patria; todo esto a través de los más variados personajes, plasmados en cuentos, novelas y poemas y con los cuales se establece empatía e identificación.

Este texto no es más que mi modesto homenaje y evocación de una de las profesoras de mi temprana adolescencia, la señora Marta, la 'vieja' de Castellano, que al parecer admiraba a Julio Cortázar, le gustaban Francisco Coloane y quizás muchos autores más, pero también los hacía partícipes de su labor docente, los hacía extensivos y se los regalaba a sus discípulos, a las nuevas generaciones, con cariño, con pasión o con desdén, da lo mismo.

La película "El último grumete", basada en la novela de Coloane, es bastante posterior, fue realizada en 1983 por el cineasta Jorge López; para mí uno de los aspectos más relevantes de la cinta fue la colaboración del músico Eduardo Gatti, quien especialmente para la ocasión compuso e interpretó la hermosa y significativa canción "Navegante" (Qué es lo que me está pasando / que en la quietud perfecta / todo empieza a temblar / se renuevan mis caminos / se hace trizas el retrato / de mi infancia y su calor...).

Comentario de la segunda imagen: el libro "El último grumete de 'La Baquedano'" que aparece en la fotografía es exactamente el mismo ejemplar al cual me refiero en esta narración, lo he conservado desde aquel tiempo, en que tenía 12 años, y fue uno de los primeros volúmenes que comenzaron a formar parte de mi incipiente biblioteca personal. El de Cortázar lo adquirí a fines de los años '70.

¡Ah!, la señora Marta también nos leyó una vez "El guardagujas", ese cuento literalmente fantástico, escrito por el mexicano Juan José Arreola y publicado en 1952 como parte de su libro "Confabulario".

Milton Bustos G.
Santiago, julio de 2015

lunes, 8 de junio de 2015

Añoro mi Winco

En mi adolescencia tuve un Winco. Y no es que exactamente añore el aparato electrónico que era aquel tocadiscos stereo (eso sería fetichismo), ni tampoco esa etapa de la vida por la cual todos pasamos y superamos —eso creo— sino que, en realidad, lo que me produce nostalgia es la forma y el modo que teníamos de escuchar música por ese entonces.

El Winco, tal como ya dije, era un tocadiscos, en el cual se podían escuchar discos de vinilo de distintos tamaños y velocidades con una calidad de sonido bastante aceptable. A saber: discos chicos o singles de 7 pulgadas y que giraban a 45 rpm (revoluciones por minuto), con una canción por cada lado; EP o extended play, de los cuales había de dos tipos, unos del mismo tamaño de los singles pero que giraban a 33 1/3 rpm y con dos canciones por cada lado, y otros que eran de tamaño un poco más grande, 10 pulgadas y también a 33 1/3 rpm, pero que podían contener más canciones o temas más largos; finalmente estaban los discos grandes o long plays o álbumes de larga duración, que eran los de 12 pulgadas que también giraban a 33 1/3 rpm y que contenían cinco o seis canciones por lado, en total 10 o 12 por cada LP, dependiendo de la duración de cada tema, también podían ser menos de 10 o más de 12; del hecho que los vinilos tuvieran dos lados o caras quedaron esas expresiones que se usan hasta nuestros días, eso de "tener un lado A" o "mostrar el lado B". En el Winco también se podían poner discos más antiguos aún, los de 78 rpm y que eran de acetato, un material muy frágil y que se quebraban fácilmente.

A propósito de los EP, hoy en día los jóvenes músicos e intérpretes usan este concepto para referirse a que han grabado y/o han subido a la red unas cuatro o cinco canciones que forman un mini álbum o EP, pero no tienen idea de donde viene el término y su significado. Aprovechando el vuelito con relación a las incoherencias semánticas, he escuchado mucho últimamente a las bandas y solistas actuales, y también a sus entrevistadores, decir que tienen una "fecha" o que tienen varias "fechas", ¿por qué no dicen que tienen agendado un concierto, una gira o algunas presentaciones en tal o cual fecha y lugar? Sé que esto suena de viejo latero, pero no me canso de sostener que el lenguaje es rico y variado, pero los más jóvenes no hacen el esfuerzo de mantenerlo y enriquecerlo, sino lo contrario, lo empobrecen. La última: también me disgusta cuando oigo decir que hay o va a haber un "conversatorio", ¿qué es eso? ¿una conversación con un lavatorio? ¿por qué no ocupan el vocablo "coloquio"? ¡y ya!, es mucho más bella y precisa esta palabra. En una columna anterior que escribí me puse el parche antes de la herida y aquí también lo voy a hacer; no estoy en contra de la evolución del lenguaje, porque está vivo; ni tampoco me quedo pegado en eso de que todo tiempo pasado fue mejor; estoy en contra de la flojera y la pobreza intelectual, estoy a favor de la evolución de la cultura y las ideas, de la evolución permanente de la música en todas sus formas y corrientes, y prueba de ello son, especialmente, el rock, el jazz, la etnomúsica y la world music. Pero claro, con la educación de mierda que hemos tenido los últimos 40 años y seguiremos teniendo gracias a la lacra parlamentaria, ¿qué más podemos esperar?

Si mi memoria no me falla, creo que los tocadiscos Winco eran fabricados en Arica por la empresa Mellafe & Salas; también tengo entendido que en Argentina fueron muy populares y seguramente fabricados por alguna empresa del país, porque, al parecer era un artículo creado y fabricado en algún país de Europa o en EE.UU. y acá en Sudamérica se pagaba por su licencia y los fabricaban empresas locales. La gracia que tenían estos tocadiscos era que tenían sonido propio, es decir, no era necesario conectarlos a un amplificador o radio convencional; tenían su propio amplificador integrado, incluso recuerdo haber visto un modelo que tenía radio incorporada; el modelo que yo tuve tenía parlantes en el mismo tocadiscos, pero además se le podían conectar dos cajas cúbicas (parlantes) de unos 30 cm. con unos cables de 1 metro o un poco más, y al hacer esto se desconectaban automáticamente los parlantes internos.

Corrían los años de la UP en que la empresa RCA-Victor local se transformó en la Industria de Radio y Televisión, es decir, la IRT; ahí se fabricaban unos tocadiscos un poco más sencillos que se transformaban en una maleta, eran portátiles y había un modelo monofónico y otro stereo; lo que trato de testimoniar es que escuchar música en la casa a través de discos de vinilo no era algo inalcanzable, era algo bastante popular y así lo entendía la gente de la IRT, que paralelamente tenían el sello discográfico IRT-Alba; allí, entre otros, grabaron Los Jaivas en 1972 y el grupo Panal que dejó para la posteridad un LP homónimo de 1973 con un sonido muy Santana (que había pegado muy fuerte después de su participación en Woodstock en 1969), Panal era liderado por el bajista y arreglador Pepe Ureta y que contó entre sus integrantes con Denisse y Carlos Corales, y también con el Pato Salazar, que además era uno de los percusionistas de la Orquesta Sinfónica. Uno de los ejecutivos del sello era Julio Numhauser, sí, el mismísimo, uno de los fundadores de Quilapayún, que por esos años tenía el dúo Amerindios junto a Mario Salazar y que luego pasó a ser trío con la incorporación de Patricio Castillo, también ex-Quila. En todas las carátulas de los discos, no sólo en los de la IRT, aparecía un pequeño recuadro que decía "Disco es cultura", independientemente del contenido del vinilo y del gusto de quiénes escucharan o bailaran, de eso se trataba; la industria del prensado de discos de vinilo murió, cómo era de esperar, en los primeros años de la dictadura.


Existían también otros equipos de música más sofisticados y caros que los Winco, como los Dual o Garrard u otras marcas; también las tornamesas y las grabadoras de carrete o cinta abierta, pero para eso había que tener un buen amplificador y ojalá ecualizador. Después se masificó el cassette y llegaron los decks; los vinilos fueron reemplazados por los CD's y los tocadiscos por los toca CD's, pero al paso de algunos años los tornamesas y vinilos han vuelto a ocupar un lugar de privilegio para algunos melómanos, ya que incluso muchos antiguos álbumes son reeditados y algunos nuevos trabajos de músicos actuales salen a la venta, limitadamente, en este soporte y formato. Está claro que todo esto es también un negocio, pero más que renegar de este aspecto, me parecería más acertada una política cultural y comercial como la que tuvo el gobierno de la UP a través de instancias como la editorial Quimantú en relación a la literatura y cultura impresa, o el sello discográfico IRT-Alba y la fábrica de artículos electrónicos IRT. Como decía un amigo con relación a un determinado álbum de música: primero me compré el long play, luego la cassette, después el CD, a continuación pagué para "bajarlo" a través de internet y finalmente me volví a comprar el vinilo; eso se llama ser fiel a la música... ¡y al mercado!

El Winco que yo tuve fue una mezcla de regalo de cumpleaños con unas lucas que me gané en trabajos pre-navideños y lo disfruté a concho durante varios años. Lo tenía en mi pieza y lo instalaba de una forma muy particular que intentaré describir: el tocadiscos propiamente tal en una mesa pequeña con uno de los parlantes, luego un sillón y finalmente el otro parlante sobre un pequeño estante; yo me sentaba en el sillón, en medio de los parlantes orientados hacia mí, en que prácticamente me quedaba uno en cada oreja, así apreciaba el stereo en toda su magnitud. Mi tocadiscos también salía conmigo de carrete, ya que muchas veces me pidieron que lo llevara a alguna fiesta en que no había disponible un equipo de música.

Por mi Winco pasó la discografía completa de los Beatles, que mi hermano mayor me fue regalando lentamente a medida que los discos se iban reeditando; también los primeros álbumes de los Beatles solistas, como el primero de John Lennon y la Plastic Ono Band, que contiene canciones como "Mother", "Love", "Isolation", "Working Class Hero" y la maravillosa "God". También el primer álbum solista de Paul McCartney, en que él toca todos los instrumentos (sólo lo acompaña Linda Eastman debutando en los coros) y que simplemente se llamó "McCartney", hay allí algunas hermosas baladas acústicas como "Every Night", "Junk", más su versión instrumental "Singalong Junk", "Teddy Boy" y ese gran tema que es "Maybe I'm Amazed", que Paul interpreta en sus conciertos hasta el día de hoy. Pero si de ex-Beatles se trataba, el que le pegó el palo al gato fue George Harrison con su álbum triple "All Things Must Pass", un coloso, considerado uno de los diez mejores álbumes de rock de la historia. Con todo lo que admiro y respeto a John y a Paul, con George fueron unos cabrones, ya que en los últimos años del cuarteto no le dejaban incluir más de una o dos canciones por disco y así él fue acumulando un material que vio la luz cuando "the dream is over". Dieciocho estupendas canciones, más las cuatro jam-sessions del disco 3, en que participan acompañando a Harrison, entre otras celebridades, Eric Clapton, Ringo Starr, Dave Mason (Traffic), Ginger Baker (Cream, Blind Faith), Bobby Whitlock y Billy Preston. Por mencionar sólo algunas de las canciones del triple álbum: "Wah-Wah", "What Is Life" y "Beware Of Darkness".

También escuché en mi joyita electrónica todos los discos de la banda country Creedence Clearwater Revival, cuyos vinilos no se comercializaban en Chile sino que en Argentina, Uruguay o Brasil, tuve la suerte de que un amigo se los conseguía entre sus amistades y ahí de colado me los prestaba a mí, a pesar de que en lo ajeno reina la desgracia, yo siempre fui cuidadoso con ese material y así después me los volvían a prestar. En la segunda mitad de los '70 los Creedence fueron editados en Chile, pero el sello discográfico que compró sus derechos, para poder vender todos sus álbumes, hizo una mezcolanza de ellos y así no se podía apreciar la evolución de la banda. También me prestaron los primeros trabajos de Dimitri Georghiou (Cat Stevens o Yusuf Islam) que tampoco se editaban en nuestro país; maravillosa su propuesta musical y poética y también las reminiscencias de su ancestro griego; cuando tiempo después se editaron en Chile, yo pude comprarme "Tea For The Tillerman", "Teaser And The Firecat", "Catch Bull At Four", "Foreigner" y "Buddha And The Chocolate Box", discos que son, para mí, inolvidables.

Uno de los aspectos esenciales de la escucha de vinilos era el rito que ello significaba: sacarlo de su funda o carátula, limpiarlo y luego cuidadosamente ponerlo en el plato del tocadiscos, poner el brazo con la aguja sobre el disco de forma automática, o manual si se optaba por escoger cualquiera de los surcos de ese lado. Y lo más importante: compartir, porque se escuchaba música con la familia, con algún o algunos amigos o con la polola, bueno, en realidad en este último caso se escuchaba música y se atracaba. Si bien es cierto los CD's y computadores son más prácticos en algunos aspectos, todo aquello es impensable —excepto lo de las pololas— en la cultura desechable de hoy, no hay rito sino apuro. También yo, como muchos, teníamos el hábito de escuchar el disco mirando la carátula, viendo las fotos, la información adicional o siguiendo las letras de las canciones que algunos traían; de ahí me quedó esa costumbre —pecado culposo— de que algunas veces he escuchado el CD teniendo a mi alcance la carátula del vinilo.


Lo de las carátulas es algo que también pasó a la historia; por su tamaño tenían una gran foto y un cuidado arte de tapa —como se decía— y bastante información adicional, el listado de canciones y sus autores y en algunos casos la ficha técnica por tema, también algún comentario del sello o de alguien famoso y respetado. Aquí en Chile, por costo, a veces simplificaban las carátulas, por ejemplo el "White Album" (que fue el disco doble con el cual los Beatles inauguraron su sello Apple y que nunca se llamó así, sino que en su edición original era enteramente blanco, incluyendo las palabras "The Beatles" en relieve) acá lo editaron por separado y ocupando en las carátulas las cuatro fotos individuales y separadas que originalmente traía agregadas junto al póster que en su reverso incluía todas las letras de las canciones. En la industria discográfica de la época había algunas carátulas que eran espectaculares, especialmente de discos que llegaban de Europa o EE.UU. Acá en Chile también se hicieron esfuerzos al respecto, especialmente el sello DICAP en el tiempo de la Nueva Canción Chilena, algunas de las más lindas que conocí fueron las de la "Cantata Popular Santa María de Iquique", de Luis Advis, interpretada por Quilapayún que, además, traía un librito con los textos; "Autores Chilenos" y "Canto Para una Semilla" (también de Advis) interpretados por Inti-Illimani el primero y por Inti-Illimani más Isabel Parra el segundo; y "El Derecho de Vivir en Paz" de Víctor Jara con unas hermosas fotos contrastadas y saturadas que han pasado a la historia; estas carátulas se abrían, como si se tratase de un álbum doble y tenían unas fotos y/o una gráfica con características muy particulares, ya que habían salido del taller de diseño de los hermanos Vicente y Antonio Larrea y Luis Albornoz; como ocurrió con la mayor parte de los diseños de carátulas de casi todos los intérpretes de la Nueva Canción Chilena.

Otras de mis escuchas fueron la sensacional Carole King, especialmente su álbum "Tapestry", cuyas canciones han soportado dignamente el paso del tiempo, "So Far Away", "It's Too Late", "Will You Love Me Tomorrow?", la misma "Tapestry" y por supuesto "You've Got A Friend" que era número fijo en las fiestas para apagar la luz; James Taylor y su propuesta folk ("Fire And Rain", "Don't Let Me Be Lonely Tonight", "Mexico", "Carolina In My Mind"); también en esa línea, aunque un poquito más rockera, Crosby, Stills, Nash & Young y sus sólidos juegos de voces ("Déjà Vu", "Helplessly Hoping", "Woodstock", "Suite, Judy Blue Eyes"); el hermosísimo álbum "Bookends" de Simon & Garfunkel con sus cuidadas y sutiles armonías vocales ("America", "Overs", "Old Friends", "Bookends Theme", "Mrs. Robinson"); la primera y sensacional ópera-rock "Tommy" de los Who; también una excelente versión, anterior a la película, de la ópera de Andrew Lloyd Weber y Tim Rice "Jesus Christ Superstar".

Mi pieza de ese entonces era un altillo con unas grandes ventanas que nunca tuvieron cortinas y recuerdo especialmente cuando en algunas soleadas tardes de otoño me sentaba a escuchar música en mi espacio ritual; la modorra, el sol del atardecer en la cara y en el tocadiscos sonando "The Dark Side Of The Moon" de los Pink Floyd o la obra cumbre de Yes, el álbum doble "Tales From Topographics Oceans", con las cuatro composiciones de la dupla Anderson-Howe, una por cada cara de disco. No necesitaba de ninguna substancia fumable para entrar en otras dimensiones y estados de conciencia. Otro favorito fue el arreglo y la magistral interpretación que hizo Ian Anderson con su grupo Jethro Tull de la "Burée", uno de los movimientos de la suite en mi menor para laúd de J. S. Bach, él lo cambió por la flauta traversa y le alteró un poco el tempo. También tuve "Selling England By The Pound" de Genesis y "Welcome Back My Friends To The Show That Never Ends" un álbum triple —en vivo— de Emerson, Lake & Palmer.

Mi familia de origen era de clase media, derechamente de medio pelo y políticamente conservadora, pero no momia, sin embargo nunca mis padres me cuestionaron la música que yo escuchaba, y estoy agradecido de eso. Debo reconocer que en la primera época de mi tocadiscos la mayor parte de la música era en inglés, es decir, estaba colonizado —yo nunca he renegado de mi pasado— pero a medida que fui creciendo fui ampliando el espectro y se me fue abriendo el mate y así hubo espacio para algunos trabajos de rock sinfónico como los que mencioné un poco más arriba y paralelamente también para algunos discos de protesta —así se decía en aquella época— y entonces escuché a Inti-Illimani (el primer LP homónimo y "Autores Chilenos") y a Quilapayún ("Basta" y "Quilapayún 3"), a Violeta Parra ("Las Últimas Composiciones" y "Décimas"), a Tiempo Nuevo, un grupo de Valparaíso (No, no, no nos moverán / y el que se atreva que haga la prueba / no nos moverán), a Isabel y Ángel Parra cuando funcionaban como dúo. Luego vinieron los tres lindos discos de Sui Géneris y el primero de Almendra, también el primer álbum de La Máquina de Hacer Pájaros. Lamentablemente el resto —y mayoría— de lo que hoy se conoce como rock argentino no era de fácil acceso por estos lados, además por esa época empecé a escuchar a la Nueva Trova Cubana y la única forma de acceder a ella era a través de cassettes pirateados.

Lo más triste de todo es que a esa altura mi Winco comenzó a fallar producto de su ajetreado vivir y dilatada trayectoria, y también de su fructífero o vano esfuerzo en mi formación musical.

En definitiva, con el advenimiento de las nuevas tecnologías y aparatos electrónicos cambiaron completamente los paradigmas del escuchar música envasada, esto ha traído de la mano la exacerbación del individualismo, ya no nos juntamos a eschuchar música, a compartir; ha traído también la inmediatez del acceso a una cantidad impensable de archivos digitales, pero al cual no le sacamos provecho. Como me decía hace unos años atrás una amiga alemana que fue directora de la biblioteca del Goethe-Institut: "libros y amigos, pocos pero bien conocidos" y parafraseándola a ella: "discos y amigos, pocos pero bien conocidos". Debo reconocer, eso sí, que sacar una canción en la guitarra se hizo mucho más viable a través del uso de cassettes —y actualmente del computador— que de vinilos. O también como me decía un amigo músico cuando se comenzó a masificar el CD: "no podís escuchar a los Beatles sin fritura (el ruido adicional que produce el contacto de la aguja con el surco del vinilo), eso sería una falta de respeto con ellos y con nosotros mismos".


Sin embargo no todo fue o es ideal, me hubiese gustado conocer y haber escuchado en esa etapa temprana de mi vida a algunos grupos y solistas, y que por ignorancia o contexto cultural no lo hice, por ejemplo más de la Nueva Canción Chilena, como el Gitano Rodríguez o la gran Isabel Parra solista o más de Víctor Jara, o grupos como Los Blops y Congreso, o más rock progresivo o sinfónico, o haberme iniciado en la audición del jazz y jazz-rock, cosa que hice un poco más tarde, y tantas y tantos, chilenos y latinoamericanos o de donde sea; vaya una frase obvia: la buena música no tiene fronteras. Pero pocos años después, ya en dictadura, fui encontrando a esos intérpretes y otros más en el mercado persa o simplemente a través de algunos amigos o conocidos. Posteriormente pude acceder a una tornamesa y a un mejor equipo y junto con escuchar lo que tenía o iba adquiriendo, también iba pasando a cassette lo que me prestaban. A modo de anécdota: logré grabar de discos de vinilo a cassettes toda la obra de Violeta Parra, Víctor Jara e Inti-Illimani, tal como fue apareciendo en sus ediciones originales y no de esos discos que circularon en el tiempo de la dictadura, mezcolanzas de temas sacados de distintos álbumes, o simplemente mutilados y censurados. Tampoco no toda la actual tecnología es perversa, gracias a san Internet y a san YouTube —que a veces congrega a la gente— tenemos acceso a música y videos que nunca estuvieron a nuestro alcance hace treinta o cuarenta años.

Para finalizar; hasta ahora he sido bastante reacio al abuso de recomendar música que está en YouTube y especialmente a través del Facebook, pero esta vez me quiero dar el gustito de sugerir algunas canciones e intérpretes que para mí son unas exquisiteces. Como decía el gran Luis Advis: "sobre gustos, hay demasiado escrito"; espero que a más de alguien le mueva alguna fibra de su pasado o le haga descubrir algo "nuevo".

- Fire And Rain, James Taylor en 1970, cuando tenía pelo.
- So Far Away, Carole King en 1971, con su amigo James Taylor de invitado.
- Yer Blues, la desgarradora canción de John Lennon que está incluida en el "White Album" de los Beatles; en este caso la versión es del grupo circunstancial The Dirty Mac, en un programa de la televisión inglesa (The Rolling Stones Rock And Roll Circus) a fines de 1968; el grupo estuvo compuesto por Lennon en la voz y la guitarra de acompañamiento, Eric Clapton en la primera guitarra, Keith Richards en el bajo y Mitch Mitchell (de la Jimmy Hendrix Experience) en la batería; esta rareza parte con John conversando con Mick Jagger.

Milton Bustos G.
Santiago, noviembre de 2014